¡Heme Aquí!

May 4, 2019

Determinado en practicar el ejercicio de la libertad de prensa a la que me tienen acostumbrados mis editores, quienes siempre han dejado al libre albedrío de quien esto escribe, la elección de los temas de interés para vestir este espacio, esta ocasión, sin afán de protagonismos y mucho menos sin acariciar con pasmoso temple la natural embestida de la vanidad disfrazada de humildad que generalmente habita en el ser humano, heme aquí, esta ocasión tomándome la libertad de hablar en primera persona de un tema muy importante en la vida de quienes razonablemente, habitamos este mundo: El tiempo.

 

Y es que hoy no quiero perderlo haciendo la crítica que gracias a los rebajados estándares de sentido común de la sociedad, de oficio de los políticos y de justicia de las autoridades, resultaría estéril y altamente riesgoso expresarla en estos momentos en los que no existen por ningún lado, el mínimo de garantías en torno a la protección y seguridad de quienes expresamos nuestra opinión en los medios de comunicación.

 

Y aunque este oficio es como el del torero en el mundo de los toros, pues cuando buscas “colocarte” te tienes que arrimar y exponer hasta de más, dando el pecho (y no enseñándolo donde no hay nada que enseñar), para ubicarte en el gusto del lector, sin embargo, para aquellos que hemos aprendido a vivir la vida con el corazón de la modestia, la categoría, la maestría, la clase, el temple y la cadencia de expresar lo que uno lleva dentro, nos hacen seres distintos y diferentes a los demás. Y, honestamente, sí así fuera el caso y tuviera que exponerme hasta morir, si me dieran a elegir, preferiría irme en las astas de un toro bravo, que en las balas de un cobarde hampón.

 

Cada quién debe elegir sus propias batallas, dicen y hoy he elegido que no quiero pelear ni criticar a nadie, como por ejemplo a nuestro Jinete sin cabeza por el desastroso desorden que se ha apoderado de nuestro Estado, no lo quiero criticar por el paro de transporte de esta semana, por el “dronco” recién comprado, por las fallas en el metro, por la inseguridad en nuestras calles, por los 225 millones de daños comprobados al erario y por todas las mentiras que nos ha recetado a lo largo y lo ancho de toda su gestión.

 

Tampoco quiero criticar al presidente porque sus elevados niveles de popularidad nada tienen que ver con los pobres resultados de su efectividad puesto que a pesar de todos los millones que dice se han ahorrado evitando el robo de hidrocarburos, no han bajado los precios de las gasolinas, no ha disminuido la pobreza, no ha bajado la violencia, no han encontrado pruebas de corrupción del NAIM, no se ha vendido el avión presidencial, no hay detenidos importantes por el huachicoleo y robo en Pemex y su flamante Guardia Nacional, no ha sacado de la circulación a los cárteles y mucho menos, ¡me canso ganso!, a la peligrosísima “roba maridos” de Riberas del Río en Guadalupe.

 

Por tanto, hoy no quiero echarme enemigos y he decidido no pelear con nadie, ni criticar a nadie sencillamente porque hacerlo es perder el tiempo, ese elemento precioso de vida que no se puede comprar en el súper o en una esquina y que dedicarlo a ellos, amable lector, es regalárselos sin que lo merecieran, además hoy es sábado y cumplo con la venia del Señor, ¡heme aquí!, mis 54 años de vida.

 

Por ello, hoy más que nunca, el que esto escribe se siente orgulloso de su origen y renegado de su destino, de espíritu trabajador y férreo como el oriundo de estas tierras, tan lleno de errores como el que más, se siente tan sensible y tan humano como cualquiera, un ser común y corriente, aunque no tan corriente ni tan común como los que están de aquel lado del gobierno, es creyente de Dios y su palabra, católico de fe que conduce su vida con el corazón en la mano y no por mandamiento parroquial, amante del amor y adorador de la vida, aficionado a la fiesta de toros y promotor de los valores culturales y sociales que en ella habitan, admirador del arte, escritor por necesidad interior e incansable soñador y eterno aspirante a habitar un mundo mejor, y si éste está lleno de chocolates, mazapanes y tamales de repollo, ¡mejor!.

 

Este es el que como cada sábado estimado lector, le escribe con el corazón en la mano y esta ocasión, agradeciendo a Dios y hasta el cielo, a mis padres por el infinito amor que me han dado y la oportunidad de estar aquí, 54 años después de que ellos me dieran la vida, compartiendo este precioso e irrepetible tiempo, espacio y pensamiento con Usted, luchando en el sinuoso y esperanzador andar de nuestros días por formar parte de una mejor sociedad, para lograr construir un gran país a pesar de nuestros hoy, no criticados gobernantes, por ello estimado lector… ¡heme aquí!

 

Por hoy es todo amable lector, medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que éste sea para Usted un fin de semana pleno, ¡nos vemos mañana en los toros! nos leemos en cabritomayor.com donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas además de las importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en “Crack” nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos Taurinos y aquí mismo el próximo sábado.

 

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